Me gustaría importar.

Años atrás habría pensado que eso no era importante para mí. Tal vez se debía a que me encontraba cansado y deprimido.

Aunque, en general, disfruto más estar solo que acompañado, no quiero morir y que a nadie, excepto a mis padres, le importe. Quiero que mi vida signifique algo. Quiero contribuir y poder servir a tantas personas como me sea posible.

Esto es complicado para mí, porque las relaciones sociales se me dificultan demasiado. A veces me siento como un alien dentro de un cuerpo humano, aprendiendo a vivir. Aquello que para otros parece natural y automático, yo tengo que analizarlo: descubrir cómo funciona y por qué funciona.

“A veces me siento como un alien dentro de un cuerpo humano, aprendiendo a vivir.”

Todo ese análisis consume mucha energía y paciencia. A veces, en lugar de encontrarme realmente en una conversación con alguien, me descubro en otro mundo. Estoy presente físicamente, pero una parte de mí permanece en otro lugar, tratando de comprender lo que sucede.

Y, sin embargo, no quiero pasar por esta vida completamente solo.

Tal vez por eso me conmovió tanto la historia de Nico Robin. Durante años creyó que su existencia era un problema para los demás y aprendió a sobrevivir sin pertenecer a ningún lugar. No necesitaba que le enseñaran a estar sola; necesitaba encontrar personas ante quienes pudiera admitir que quería vivir.

Quizá todos necesitamos algo así: alguien al otro lado que nos haga sentir que nuestra presencia importa.

Quiero hacer algo que importe y que ayude. Quiero encontrar, durante el proceso, personas que piensen y sientan como yo.

Y quizá pueda sentirme, por primera vez, como en casa con alguien.

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